Y llegó el día! El que esperamos tanto, el que nos tenía sin dormir hacía un tiempo.

La semana antes fue caótica, tuvimos que desarmar nuestra casa para que una parte entrara en el jeep, y otra en una habitación. Nuestro departamento quedó vacío, poco a poco todos los recuerdos traídos de otros viajes, todas las fotos y algunos muebles se guardaron en cajas.

La última semana todos querían vernos  y despedirnos, quizá antes no  creían que el día de poner primera llegaría, quizá no se imaginaban que de verdad íbamos a dar el salto al vacío, por lo que los últimos días pasaron entre despedidas y dolor por no poder decirle chau a todos.

Mi mamá (Gracias Lilý!!) se fue a vivir con nosotros los últimos 4 días, para ayudarnos a armar la nueva cama del jeep y terminar los detalles. Gracias a su ayuda pudimos terminar con la mini mudanza y con la selección de lo que íbamos a llevar y a dejar, sin su ayuda hoy no estaríamos de viaje y aunque se que con gran dolor en el corazón guardaba cada cosa, también estaba felíz de ayudarnos porque veía nuestra ansiedad y nuestras ganas de salir.

Fueron tan difíciles los últimos días, que con Javi nos la pasamos a las corridas, haciendo listas y mas listas, durmiendo poco y peleando mucho; es que entre el cansancio que teníamos y el miedo que apretaba la garganta, yo sentía que las decisiones que tomábamos eran de vida o muerte.

“¿Cómo no vamos a llevar 3 cucharas? Y si perdemos una? Necesito llevar esto, y esto, era todo lo que yo decía. ..” (Javi se reía con mas ganas de matarme que de entenderme)

Pero era tal la incertumbre que “por las dudas” quería subir algunas cosas de más! Sólo entendí el peso que llevabámos, cuando subimos y salimos.

Salir de casa fue dificil, uffff…! Miles de veces soñé con el momento, fue tan triste y tan felíz como lo había soñado.

Subí al Jeep rápido, para no empezar a llorar antes de tiempo, la despedida con Pampa, unas semanas antes me traía golpeada, por lo que evitaba el llanto a morir.

En el parque nos esperaban para despedirnos, amigos y gente querida, Pampero estaba contento y taan lindo que estábamos felices de ir en él.

Aunque haya tenido que dejar una cuchara y un par de cosas mas, no nos arrepentimos de salir en un Jeep, por pequeño que paresca, es que lo veo estacionado y me parece tan lindo, que eso justifica llevar pocas cosas…

El parque fue testigo de la alegría y de la tristeza que se mezclaban, abrazos muy largos y sentidos, una super venta de remeras, llaveros, calcos del viaje, muchas fotos y más de una lágrima.

En el camino, pasamos a saludar a nuestros abuelos, despedidas duras si las hay!!! Abuelas que lloraban y nos bendecian, y abuelos que hacían fuerza para no soltar lagrimas. Sólo de recordar el momento el corazón se me pone triste!

Ya estábamos listos para empezar el viaje, pusimos música que nos transporte, esa que escuchabamos en casa y pensabamos que íbamos a disfrutar en viaje, pero nos pasó que nos sentíamos raros, sentíamos tanto y a la vez tan poco, que ni siquiera puedo recordar que canción puso Javi para que deje de llorar.

Llegamos a Uspallata, otra vez la familia firme, esperándonos con un asadaso, el último en multitud familiar por algún tiempo, muchos brindis y fotos a Pampero y a nosotros, todos uniformados con la remera “Soñé que viajaba” QUE AFORTUNADOS SOMOS!!

¿Cómo no llorar de tristeza ante inmensa felicidad?

Por momentos me pereguntaba si estaba bien llorar, hasta que me llegó un mensajito, que me decía que “si se puede estar triste en un día tan felíz” y que también estar triste en el medio de este viaje estaba permitido. Es que nuestra familia es tan linda y estamos tan orgullosos de todos ellos, con sus aciertos y sus falencias, gracias a ellos, somos lo que somos y estamos donde estamos.

Cómo no extrañarlos??

(Si alguno tiene la receta para eso, nos la pasa por favor…)

 

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