Escribo de Belice, estando en él, lo que me resulta muy raro porque vengo bastante atrasada con las crónicas del viaje, pero no quería olvidarme nada de este país tan chiquito, que tanto nos mostró en tan poco tiempo.

Desde que entramos, notamos que al menos burocráticamente funcionaba diferente, las fórmulas que te dan para llenar en aduana por lo general son una rutina, y muchos espacios en blanco

Tiempo de estadía en el país: el máximo posible?

Ocupación: Viajero feliz?

Cantidad de dinero que trae consigo: Espacio

Hotel: Espacio

Lugar al que se dirige: Espacio

Frontera Belice

Pero en Belice me hicieron llenar cada absurdo espacio con mentiras, a pesar de que les expliqué que no tenía idea de las respuestas, se notaban bastante estructurados, como no pudiendo creer nuestra falta de organización. Le comenté a Javi eso, cuando fui a encontrarlo en la fila, y no recuerdo textual lo que me dijo, pero me dió a entender que eso era casi Inglaterra y que había que hacer las cosas bien.

Siempre hablamos de los prejuicios de la gente, pero nosotros a veces tenemos los nuestros incorporados y no nos damos cuenta. No tengo idea, de donde Javi sacó que Belice funcionaba ordenadamente como Inglaterra.

Superada la oficina de migraciones, nos tocó pasar por Aduana, donde nos atendió una señora nada simpática, que nos trató nada amable y que sólo nos dió seis días para cruzar Belice.

Seis días, en ese momento no nos pareció mal, no teníamos dinero para pasear por Belice, y todos los viajeros que habían pasado nos habían comentado que todo era muy caro, sobretodo el turismo, sumado a nuestras ganas de llegar a México además para cruzarlo se necesitan no más de 5 horas, no discutimos y aceptamos los 6 días.

Corozal, Belice

Avanzamos por el nuevo mundo, dejando totalmente atrás a Latinoamérica, letreros en inglés, construcciones atípicas, un poco de todos lados, puentes de hierro antiguos, iglesias anglosajonas, casas y colegios muy simples al estilo de la costa ecuatoriana o del este de Guatemala, claramente se observaba una mezcla de todo. Pero lo que más nos impactó, es lo increíblemente deshabitado que se vé. Para que se den una idea, la densidad de población de El Salvador de 200 habitantes por kilómetro cuadrado, pero la de Belice es de 14 habitantes por kilómetro cuadrado, de hecho tienen tamaños similares (El Salvador es más pequeño), esa ausencia de habitantes se observa constantemente, es muy raro ir a un Parque o Plaza principal y encontrar a no más de 20 personas en un día común.  Para ver un pueblo concurrido hay que esperar al fin de semana. Nosotros no entramos a Belmopán Centro, ni por Belice City, que son las ciudades más pobladas, lo que nos sirvió para descansar un poco del ruido y tráfico.

 

En todo el país, el tipo más común de la arquitectura es la casa de madera.

Las carreteras están completamente abandonadas, no muy llenas de pozos, pero se nota que sin mantenimiento hace varios años. En el camino no hay exceso de gasolineras, pero existen las suficientes como para abastecerte. Nosotros conocimos bien Corozal, un pueblo tranquilo, de gente increíblemente amable, que no tiene idea de donde está Inglaterra, y mucho menos saben dónde están las Islas Malvinas. Desde que entramos Javi no paró de repetir, que Belice es el único país de toda América que no apoya el reclamo de Argentina sobre la cuestión de las Islas Malvinas, en cambio ha dado su total y absoluto apoyo al Reino Unido, y hablando con la gente de ahí notamos que son como desconectados del mundo, algunos admiradores de México, por su cercanía con el país grande de esa zona, la mayoría conocedores de Messi, pero relajados y disfrutadores de la vida.

Belice tiene gente de todas partes del mundo viviendo allí, es un verdadero crisol de razas y culturas. Están muy acostumbrados al extranjero europeo y americano, y todos se mostraron sorprendidos al vernos viajando de ese modo. Si bien el idioma oficial es el inglés, la mayoría de ellos, habla español. En los colegios primero se habla español, y luego se aprende inglés, pero los chicos están tan estimulados, que rápidamente lo incorporan, y hablan una mezcla de todo.

Además conocimos gente hermosa, como Dorian que nos dejó vender en la plaza principal y nos prestó una mesa, una familia enorme que nos compró muchas artesanías y nos dio un súper empujón para llegar a México y a Elsie y sus dos hijos, que nos mimaron con un rico almuerzo típico beliceño y nos fueron a despedir el lunes antes de entrar a México, llegaron al  jeep a las siete de la mañana con un desayuno para que empezáramos con todo ese día tan importante para nosotros.

Elsie y sus dos hijos, Corozal Belice

Podría seguir y seguir dándoles datos curiosos, porque Belice para mí, culturalmente era un total interrogante, sabía de sus arrecifes de corales, de sus garífunas y sus rutas arqueológicas, pero como no pudimos conocer esa parte, la mezcla de razas y culturas me dejó con muchas pero muchas ganas de volver.

 

Podes ver todas las fotos y más en Soñé que Viajaba

2 thoughts on “Belice, en seis días

  1. Muy bueno saber de belice que hace un año exactamente supe que existia y la verdad qe no lo podia creer qe tuviera 34 años probablemente por ser un poco ignorantes pero además por que son países de los que no habla nadie como si no importaran

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