Llegamos a Cartagena nerviosos estresados, como si fuera nuestra primera vez ahí. Lo era, la primera vez de los tres juntos ahí. La emoción de leer bienvenidos fue genial, nos dolía la cara de sonreír, hacía mucho pero mucho calor, y adentro del Jeep más aún.

Nuestro Pampero modelo 72 nos regalaba esa felicidad!! La gente nos saludaba como presintiendo que era todo un logro estar ahí con ese carrito, y lo era!! Entramos sin querer a la ciudad amurallada, calles muy angostas para una dirección como la nuestra, de todas maneras la amabilidad de la Policía nos tranquilizó y con sus indicaciones salimos del caos.

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Ciudad Amurallada Cartagena de Indias

Transitamos la Costa, y el aire fresco entraba por mi ventana, mirábamos hacia el mar, como buscando a Panamá, como confiando en que pronto íbamos a estar del otro lado. La victoria más grande de estar allí, era sabernos del otro lado, que el esfuerzo que hicimos durante todo el viaje nos recompensara con ese fastidioso cruce, ahora sabíamos con toda certeza que PODEMOS HACERLO! Lo que sea! Juntos, con corazón y determinación. En ese momento cada helado no comido, cada excursión no hecha, cada kilómetro calculado tenía sentido. A pesar de que en su momento cada sacrificio fue frustrante, y nos hizo replantearnos muchas cosas, cada gasto premeditado tuvo sentido en ese momento.

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Disfrutando del atardecer del Mar Caribe colombiano

Llegamos y nos estacionamos junto al Yeyo de Mati y Manu, nuestros compañeros de aventura marítima y aérea. Pasamos lindos y calurosos días junto a la playa, hablando de cada viaje, y contando algunas anécdotas del recorrido.

Mientras tanto tratábamos de conseguir las motos que necesitábamos y sacábamos innumerables cuentas, día tras día nuestra rutina consistía en mirar los precios de los vuelos, en corroborar el valor del dólar y en volver a hacer números para ver en cuanto quedaba el cruce total basándonos en miles y miles de supuestos…  Por suerte llegó un día al Camping de Bartolo nuestro amigo Thiago, que se sumó a esa locura pre cruce y que aportó la mejor de las ondas, ayudándonos con su “No pasa nadaaaaa” y sus “Tudo bem, tudo tranquilo” para pasar el estrés. Nuestros días pasaron entre comilonas, festejos y orden a los carros, preparándonos para el gran acontecimiento.

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Batolo, Thiago, Mey, Manu, Mati y las maquinas trabajando

El día D llegó

Por suerte el día llegó y todos nos fuimos en caravana al puerto, como dos horas antes de la hora estipulada, por las dudas, por los nervios, porque sí.

El día fue muy caluroso, mucho más que de costumbre, el papeleo y el ingreso al puerto fue normal y muy tranquilo. El calor y la ansiedad lo hicieron un poco engorroso, pero los chicos y los carros entraron al puerto a las 10:05 am y salieron antes de las 16:00. Cuando ellos volvieron (con Manu los esperamos en la oficina de Enlace Caribe) pagamos y ya estábamos listos para irnos al aeropuerto. La espera no se hizo tan larga bajo el aire acondicionado del lugar, y cuando nos dimos cuenta con Javi ya estábamos embarcando para Medellín. Los chicos se fueron los tres a Bogotá, a esperar el domingo para reencontrarnos en Panamá.

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Puerto de Cartagena

Nosotros volvimos a Medellín, a la casa de nuestros amigos David, Luzma, Sofía y Amalia. También aprovechamos para ver a los amigos venezolanos, que tan bien nos recibieron en Río Negro. Nos encariñamos tanto con todos que esos días extra con ellos, nos vinieron muy bien. Aunque la estadía en San Antonio fue muy linda, y estábamos muy a gusto, también teníamos ganas de reencontrarnos con Pampero y seguir viaje.

Llegamos al aeropuerto, dormimos un poco y embarcamos rumbo a Panamá, el viaje fue corto y llevadero. Llegamos y la humedad nos dio bastante duro, el calor se sintió con todo, esperamos a los chicos y cerca de las dos de la tarde, ya estábamos los 5 en el Hotel. Almorzamos juntos y nos fuimos a descansar, veníamos de una noche muy larga. Habíamos quedado en vernos con los chicos de HiluXamerica, por lo que con Javi pusimos el despertador para no pasar de largo y fuimos a la cinta costera a conocerlos. Los chicos nos sacan un año de ventaja viajando, pero van muy despacio y estuvieron un buen tiempo en Venezuela, lo que nos permitió alcanzarlos y compartir un rato con ellos. Nos dieron todas las indicaciones para los trámites portuarios, y nos despedimos con ganas de vernos nuevamente.

Al día siguiente, amanecimos muy temprano y muy ansiosos. Desayunamos y nos fuimos en Taxi hasta Albrook, para tomar el bus que nos llevaría a Colón, el calor apretaba, por lo que optamos por el bus que tenía aire acondicionado y que se decía más rápido. (Desde el hotel Cibeles, también se puede llegar a Albrook en metro, su costo es de 0,35 centavos de dólar, es muy cómodo, rápido y tiene excelente frecuencia)

Llegamos a Colón, y nos bajamos en una entrada de la zona franca, pero no pudimos acceder por ahí, porque no teníamos el carnet que se necesita, una especie de entrada paga, de un dólar, que tiene vigencia por 15 días. Necesitábamos entrar si o si, dado que la agencia de seguros está  dentro de esa zona. Tomamos un taxi, todos empezábamos a estar algo nerviosos y se notaba, unos no querían pagar nada extra, otros querían pagar lo que sea, con tal de retirar su casa. Llegamos a la entrada, hicimos fila, pasamos los pasaportes, compramos las benditas tarjetas amarillas, nos revisaron las mochilas, detector de metales, y adentro!

Caminamos hasta la oficina de seguros, íbamos rápido, como si el mundo dependiera de eso, no nos detuvimos a mirar nada, solo ojeamos algunas vidrieras, y vimos que los precios eran considerablemente buenos, sobretodo en perfumes, pero no era algo que anduviéramos necesitando!

Llegamos a la agencia de seguros, y tuvimos que esperar 3 horas reloj, para que nuestras pólizas estuvieran listas. 3 horas!! Corrimos sin parar la mañana toda, para sentarnos a esperar como perezosos (por suerte bajo el aire acondicionado) a que las empleadas resolvieran nuestro tema, una locura… Si antes veníamos nerviosos, no se quieren imaginar cómo  estaban los ánimos para ese entonces. Miramos hasta un libro de fotografías, muy buenas, y cuando no había nada más que hacer, no me aguanté y salí a recorrer al menos un poquito. Estábamos en la zona de repuestos de autos, por lo que no se veían muchas cosas interesantes, pero por suerte, la tienda de un Turco, tenía el bendito ventilador que andábamos buscando, por la módica suma de 6 usd! La inversión del año! Para algo sirvió la larga espera.

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Caribe sur de Panamá

Tuvimos que enojarnos duro, Thiago nos ayudó con esa parte y exigir que se apuraran con las pólizas, el trámite del seguro, en cada país, nunca demoró más de 15 minutos, y acá ya llevábamos tres horas de espera. Nos ofrecieron agua y traslado hasta el puerto para compensar la demora. Luego, puerto, aduana, puerto nuevamente, esperar y esperar, y listo! Oficialmente los  3 estábamos en Panamá! Salida del puerto, fotos, desinfección, carretera, carga de gasolina, súper almuerzo y la peor parte DESPEDIDA. Thiago siguió para Panamá City, y aunque teníamos ganas de llevarlo con nosotros, entendimos que nuestros tiempos y los de él son completamente distintos. Nos abrazamos, y con el Yeyo y su tripulación salimos rumbo al Caribe.

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Alto rancho

Pasamos unos días en el Caribe, parqueados en una casa de fin de semana poco visitada. Disfrutando del color del mar y de la tranquilidad. Se acercaba un fin de semana largo, que nos tenía algo inquietos, queríamos seguir conociendo, pero era una buena oportunidad para trabajar y comenzar a recuperarnos de tal gasto. Por lo que encaramos para el norte nuevamente, recorriendo algunas playas, y descubriendo la fea realidad de las costas panameñas. Además de estar totalmente sucias todas las playas son privadas y están concesionadas, por lo que sí no pagas, no podes acceder. Avanzamos sin suerte, hasta llegar a María Chiquita, un tranquilo pueblito costero de playas de arenas negras. Estuvimos ahí unos días, y decidimos ir hasta Playa Blanca, donde estaba parando la HiluX, para esperar el fin de semana y comenzar por fin a vender un poco.

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Todo el equipo de Pipas en Farallon Panamá
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Noche de pizzas a la parrilla

Ese supuesto fin de semana se transformó en un mes de Compañia viajera, donde descansamos mucho, comimos mucho y disfrutamos demasiado! Hasta Pampero descansó de nosotros en Playa Blanca, porque lo dejamos ahí unos días y nos fuimos de vacaciones con la familia de Javi que fue a visitarnos!

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Familia de visita por Panamá

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Otro lindo reencuentro, llenos de regalos, lágrimas y sorpresas. Paseamos con la familia por El casco viejo, por los centros comerciales y por la ciudad, luego fuimos todos en una van hasta Bocas de Toro y pasamos unos días súper lindos en el Caribe, conociendo, caminando y descansando. Luego volvimos a Panamá City por más ciudad, hasta que nos tocó la dura pero inevitable despedida. La familia se fue y nosotros nos quedamos ahí, con ganas de que no se vayan, pero con ganas de volver a nuestro a Pampero. Siempre pensé que después de tantos chau, las despedidas me iban a costar menos, pero siguen siendo igual de tristes que las del primer día.

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Canal de Panamá
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Bocas del Toro, Cayo Zapatilla

Volvimos a Playa Blanca, casi que preguntándonos y ahora? La temporada era baja, se vendía para sobrevivir y los meses entrantes eran difíciles. Decidimos salir a Costa Rica, en lugar de renovar el seguro por un mes más, pasar 3 meses en Costa Rica trabajando, y luego volver a Panamá a trabajar la temporada de verano. Lo decidimos sobre la marcha, y salimos rápidamente, alcanzamos a comprar algo de materia prima, a visitar Boquete , y a despedirnos de la banda viajera, Manu y Mati de Ruedamundo, Lau y Dani de HiluXamerica, Jorgelina y Mauri de El Sapito y Sofía y Juan de Dos Vidas De Viaje! Éramos muchos por Panamá.

En un abrir y cerrar de ojos estábamos en la frontera de Costa Rica!

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Team Viajero Argentino en Boquetes

Si buscas toda la info del cruce a Panamá, vas encontrarla en GUÍA ÚTIL DEL CRUCE COLOMBIA PANAMÁ, la separamos de las emociones y experiencias.

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