A la mañana siguiente festejamos el pase liberado del peaje, bajamos muchas curvas sin cambio y poco a poco comenzamos a ver el azul del mar. Entramos en la primera estación de servicio, e hicimos un pequeño desvío hacia el balneario de La Punta, para desayunar y saludar al mar. Caminamos un poco por la playa y como vimos poco movimiento de gente, nos fuimos a la ciudad de Camaná, unos seis kilómetros más al norte. Llegamos, estacionamos en la plaza y fuimos a directo a la municipalidad a solicitar un permiso para poder vender. Como en cada lugar donde hemos pedido permiso, la respuesta fue NO. Nos mandaron al mercado, para hablar con un administrador, pero cuando llegamos, vimos que la zona no tenía el movimiento que necesitábamos. Volvimos a la plaza y revisamos los contactos de Couchsurfing, pero no tuvimos suerte. Hablando con los vendedores de la plaza, nos dijeron que estaban armando el escenario, para un acto del día de la madre, que nos estacionemos ahí, y que probemos suerte. Cuando vimos la cantidad de gente vendiendo cosas, nos animamos, a armar todo, preparamos el mate y esperamos que la gente empezara a llegar.

Entre tanta gente, llegó Roxana con sus dos hijos, André y Anita, y estuvieron mucho rato charlando con nosotros. Vendimos algunas postales, y unas agenditas, lo que fue muy bueno, porque no estábamos muy acostumbrados a vender en las ciudades. Roxana nos contó que su familia tiene un restaurante en la playa y que generalmente hay movimiento los fines de semana, nos dijo que ella iba a estar ahí trabajando, que pasáramos. Al día siguiente, fuimos a otro acto, también del día de la madre en otra municipalidad, donde no tuvimos suerte y no hubo movimiento, después de un día de mucho calor, decidimos irnos a dormir a la playa. Al llegar a la costanera, Roxana que estaba en la casa de sus papás nos invitó a pasar a su casa y nos compartió a su familia, que después de una semana, ya sentíamos nuestra. La familia Pastor Rosas, nos adoptó, charlamos mucho, aprendimos a cocinar su comida, ayudamos en su cevichería, nos consiguieron un trabajito por unos días, nos presentaron a toda la familia, y se metieron en nuestros corazones. Nos despedimos de ellos muy tristes, porque realmente en unas semanas nos encariñamos mucho, pero no quedaba otra que seguir, y por suerte entre las ventas y el trabajo reunimos el dinero para llegar a Nazca, nuestra próxima parada.

B Perú
Junto a la familia Rosas Pastor

Salimos lagrimeando de Camaná, una mañana muy temprano, el camino era largo y bastante complejo, la panamericana es muy transitada, de una sola vía y los vehículos de carga pesada son muy imprudentes. El camino costea el mar, entre precipicios y montañas y cruza las ciudades por el centro, en ocasiones, pasa por las calles principales de los pueblos y por los mercados, donde hay gente caminando por todos lados, lo que la convierte en una pésima ruta nacional y muy estresante.

Nazca

Llegamos a Nazca de noche, casi por sorpresa, en la ruta habíamos planeado muchos desvíos, pero los caminos estaban en mal estado y estábamos bastante nerviosos con tanto tráfico, con el consumo de combustible del jeep, el dinero, todo nos tenía muy nerviosos. Llegamos a plaza de armas, cenamos algo y nos fuimos a dormir, aprovechando el wifi de la plaza. Nos manteníamos en contacto con David Arce, que estaba trabajando en San Juan de Marcona, y había quedado atrapado por una manifestación en de antimineros.  Esos días estaban bravos en el sur de Perú, y la zona de Ilo estaba en estado de emergencia, porque el pueblo se negaba a permitir que comenzaran a explotar la mina Tía María. Pasamos unos días vendiendo en el Parque Grau,  y volviendo a plaza de armas para dormir, Esos días conocimos a Pepe, un guía de turismo Local, que además de comprarnos una remera nos llevó a una excursión a unos acueductos cercanos a la ciudad. Gracias a él, pudimos saber más de los Nazca, ya que al llegar uno se entera de que no sólo las líneas son su legado, sino que hay mucho más por ver y aprender.

Cuando reunimos el dinero para avanzar hasta Huacachina, pusimos primera sin dudarlo, el calor es intenso y la ciudad es por demás bulliciosa. Por suerte antes de salir, pudimos encontrarnos con David, que llegó muy tempranito a la mañana,  nos invitó un rico desayuno en su casa y pudimos compartir algunas charlas viajeras.

Pasamos por las líneas y subimos al mirador natural, que es un pequeño cerro que te permite ver muy de cerca las líneas, pero no te deja ver el gran dibujo al que pertenecen. Y luego paramos en la Torre, que costó 2 soles y pudimos ver dos dibujos más. El verdadero espectáculo debe estar en sobrevolarlas, pero el costo era demasiado elevado para nuestro presupuesto viajero, a pesar de ser temporada baja estaba en USD 70 y en alta ronda los USD 130.

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Linea de Nazca

 

De todas maneras ver la inmensidad de los dibujos, pensar en los años que han perduado, y la época en la que se hicieron, lo deja a uno lleno de interrogantes. La gente de Nazca no afirma como fueron hechas, ni trazadas, si fueron o no los marcianos, sólo nos dijeron que dejan abiertas todas las puertas. Esperamos que eso responda a la pregunta que todos nos hicieron cuando supieron que estábamos ahí.

 

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