Pasto, Cauca, Valle del Cauca y Eje Cafetero

Pasto

Luego de largo andar por la ruta, comenzamos a transitar la traficada y serpenteante Panamericana y a pesar de que nos habían hablado de lo temible que era, no dejamos de sorprendernos de las curvas y contra curvas cerradas al borde de los precipicios, del verde intenso del sur de Colombia y de los camuflados y muchos soldaditos jóvenes cuidando a la rutas, levantándonos el pulgar y transmitiéndonos tranquilidad.

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Laguna De La Cocha

Llegamos a Pasto, casi entrada la noche, buscamos el lugar para dormir donde nos habían indicado que habían estacionado Seba y Ludmi y nos desmayamos hasta muy tarde el día siguiente, dormimos muy profundo y descansamos muy bien.  A la mañana siguiente Javi se levantó y yo estaba en la cama aún, cuando vio por el retrovisor pasar a la kombi amarilla de “Vino en Kombi”, no sabíamos que los chicos estaban en Colombia, por lo que el encuentro fue totalmente sorpresivo. Pasamos unos días conversando sobre el resto de su estadía en Ecuador, llevábamos como dos meses sin verlos y armamos una feria ahí mismo, porque la kombi estaba con un inconveniente en una rueda. Después paseamos por un pueblito sobre el Volcán Galeras y llegado el fin de semana nos fuimos a la Laguna de La Cocha, donde además de vender muy bien disfrutamos mucho del paisaje, de los canales antes de la laguna y de las casitas coloridas que poco a poco comenzaban a diferenciarse de las de Ecuador y se parecían cada vez más a las que habíamos visto en tantas fotos de viajeros durante tantos años.

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Vino en Kombi y Pampero trabajando

Colombia nos estaba enamorando, llevábamos un mes en el sur y sólo habíamos avanzado unos 300 km de la frontera con Ecuador, por lo que nos despedimos de los chicos y salimos rumbo a Popayán.

El camino fue duro, de hecho fue la ruta que más sufrimos en Colombia. Comenzamos a notar algunas falencias de Pampero, que si bien no eran graves, sino eran atendidas podían traer problemas a largo plazo. Panamá ya nos empezaba a preocupar mucho, estábamos cerca, el tiempo volaba y no nos acercábamos a la suma de dinero que necesitábamos para cruzar y mucho menos habíamos pensado en gastos para Pampero, le pedíamos que aguante hasta Centroamérica. Comenzamos a averiguar algunos precios y quedamos horrorizados, por lo que volvimos a postergar la mecánica hasta la próxima ciudad grande. Vendimos unos días en Popayán, si bien es una ciudad hermosa, los días previos a las fiestas, eran un caos y la ciudad estaba colapsada, no se podía disfrutar. Por lo que hablamos con el contacto que teníamos más adelante y avanzamos hasta Silvia.

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Ciudad de Popayan

Silvia, Cali y Armenia…

Como hablar de ese lugar en el mundo y no sonreír? Llegamos un 19 de diciembre y planeábamos irnos el 23, para pasar Navidad en Cali, pero por esas cosas del viaje, Silvia nos dejó ir el 16 de enero del año siguiente. Es que en Silvia ya tenemos familia!! Theo y Joha son de las personas que más hemos extrañado, nos prestaron su casa, nos dieron la calidez de un hogar, nos invitaron a vivir su vida y además se robaron nuestro corazón. Pasamos días muy lindos, en el lugar que ellos eligieron para criar a sus hijos. Nos enseñaron que por los hijos uno debe hacer cambios radicales, uno debe buscar calidad de vida, horas para dedicarles y tranquilidad que brindarles. Mati y Ma. José son los afortunados niños por los que sus papás harían cualquier cosa; y junto con Tata su perra y el hermoso abuelo Elí, se completa nuestra familia colombiana a la que añoramos cada día de este viaje.

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Jugando al Monopoli con la Familia Urbano

A pesar de estar casi un mes allí, los días volaron pero fuimos muy felices entre ventas, paseos, trabajo, súper comilonas y los festejos de carnaval. Silvia será la suiza de América como dicen algunos colombianos, pero para nosotros Silvia es familia y felicidad…

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Fotografia post Carnaval

Salimos de Silvia una mañana tempranito, después de una larga despedida con el abuelo Eli.

En la ruta que une Silvia con la Panamericana, muchas personas nos hacían señas para que paremos, veían a Pampero y pensaban que era una chivita, de esas que llevan pasajeros. Nos causaba mucha gracia y hacíamos señas de no tener más lugar, pero de igual modo nos ligamos algunos que otros insultos…

Pampero volvió a levantar temperatura en las partes más calientes, a pesar de que la ruta fue tranquila y sólo bajamos al Valle del Cauca. El calor en Cali era extremo, tal como nos habían advertido y como llegamos en horario pico y estábamos con problemas de temperatura decidimos parar y llamar a Gerardo un contacto de Willys Quindío. Sin imaginarnos, que ese llamado iba a terminar en una gran amistad. Gerardo nos mandó a buscar, porque estamos muy cerca de su trabajo y también nos invitó un almuerzo que nos encantó. Por la tarde conocimos a su mujer Marta, a su suegra Doña Florencia, y su primita María Camila y a la joyita de la familia su Willys Cafetero, impoluto y recién restaurado. Hicimos tan linda amistad, en tan poco tiempo que la despedida también nos costó un poco bastante, de hecho la alargamos todo lo que pudimos. Paseamos mucho por Cali con Gerardo que nos llevó al mecánico y también nos ayudó haciéndose cargo de algunos arreglitos al Jeep. Cambiamos el ventilador delantero, que ayuda con la refrigeración del motor, bujías, hicimos varias cosas, pero sobre todo nos focalizamos en la refrigeración, por lo que los tres la habíamos pasado muy muy mal en el camino a Popayán. Nos estábamos preparando, para subir la tan temida Línea, que une Armenia con Bogotá…

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Gerardo y su hermosa familia
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Una Leyenda: Jeep Willys de Gerardo. Jeep tipico del Eje Cafetero

Así fue, que después de una mañana en el taller y unos mimos al Jeep, quedamos listos para seguir viaje. Llegamos a Armenia con mucho calor, un camino con muchos peajes, pero en impecable estado, donde nos esperaba la familia de Marco Marín, su hija Daniela nos buscó en la entrada a Armenia y nos llevó a la casa de la divina de Pato, que estaba ahí con su mamá Rosalba y sus dos nenas. El imperio del matriarcado! Pasamos una semana linda linda, aprovechando Internet para comunicarnos con la familia y para subir fotos. Marco a la distancia, nos organizaba la agenda desde Nueva York, lleva un par de años trabajando allá y como a toda la gente que vive lejos le toca vivir los acontecimientos familiares a la distancia. Armenia y sus alrededores nos parecen hermosos, nos gustó tanto el eje cafetero! Sus colores, su tradición, su tonada, que sólo con recordarlo lo volvemos a vivir. Recibimos una invitación a una finca en Montenegro, donde pasamos unos días muy tranquilos, conversando con los caseros del lugar sobre algunas costumbres del eje cafetero, sobre algunos problemas de los cafetales y sobre el resto de Colombia. Intentamos vender, pero no fue algo que funcionó en Armenia.

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Rosalba, Pato y las hermosas Mellis

Paseamos por Armenia (parte del Eje Caferto)  y llegamos a Salento (parte del Eje Caferto) por la trocha por la que caminó Bolívar y los libertadores, todo esto en el Willys de Marco, pero con su enviado especial, Cristian su hijo y una amiga de Cristian, Hilda, una catalana que estaba de paso por su casa. Paseamos por Salento y nos enamoramos perdidamente de él, de sus calles, de sus puertas y ventanas, de la plaza, del ritmo con el que vive la gente, simplemente nos encantó.

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Cristian, Hilda y el team Soñé que Viajana

Y como decimos siempre, que todo lo bueno tiene un final, llegó el momento de dejar nuestra casa de Armenia y encarar la temida Línea para llegar a Bogotá. Nos falto mucho del Eje Cafetero por conocer, pero siempre dejamos algo pendiente con el fin de algún día volver!

La ansiedad de la llegada de la familia se hacía sentir y los nervios por hacer ese tramo de la ruta eran peores, no queríamos que Pampero sufriera en el camino. Nos despedimos con muchas lágrimas de esas mujeres, Paty y la abuela Rosalba se quedaron en nuestro corazón por siempre, las queremos como si las conociéramos de toda la vida. <3

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