Al salir de la casa de los Reich, nos quedamos huérfanos. Hasta ahí teníamos planes y gente que nos esperaba. Ahora sí que estábamos solos, la música nuevamente de aliada, el mapa y una guía de la ruta 40 que le sustrajimos al papá del Javi. Leímos y leímos, aprendimos e imaginamos los próximos km, ese día íbamos a andarpoco hasta llegar a la YPF de San José de Jáchal. La ruta fue tranquila, y nos sirvió para entender que ESTABAMOS DE VIAJEEE!! Charlamos, vah! Charlé, charlé, charlé y con un pequeño tirabuzón fuí sacando palabras de la boca del conductor, hablamos de lo vivido esos días y de lo que esperábamos del viaje.

Llegamos a Jáchal, y pedimos permiso para estacionar en la estación ACA. Preparamos un rico café con leche y  nos reencontramos con la cama de nuestra casa, ya que hacía semanas que no dormíamos en el Pampero, antes de acostarnos, llegaron vecinos a pasar la noche ahí, lo que nos dejó más tranquilos, y nos hizo sentir más acompañados.

Nos acostamos, dispuestos a descansar, porque queríamos despertarnos tempranito al día siguiente. Y cerramos los ojos al compás de Leo Matioli, porque los vecinos tenían pilas para rato!! (Porque después de ti…) Cuando los vecinos se acostaron, después de unas cuantas aceleradas a su fiat uno, nosotros también pudimos dormir.

Al día siguiente, nos despertaron los vecinos!!! Creían que lo bueno de vivir en un Jeep, es no escuchar a los vecinos molestos?? Se equivocaron!! El javi se despertó, e hizo terrible lío para bajar. Poco a poco se hace más contorsionista, y vamos agarrando nuevas mañas… pero este era el principio.

Tuvimos que hacerle puente al Fiat de al lado, porque se quedó sin batería, y no arrancaba, por lo que en agradecimiento a la serenata de la noche anterior, lo dejamos andando para que se vaya y preparamos el desayuno para salir.

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Nos desviamos de ruta 40 por la huella rumbo a las vertientes.

Salimos con rumbo a Huaco, por la vieja ruta 40, el camino es de tierra, si no ha llovido está transitable en cualquier vehículo (es recomendable consultar el estado del camino antes de salir) tiene incontables curvas y contra curvas, y en partes se hace de sólo una mano. La ruta 40 vieja sólo tiene 2 túneles, y camino a Huaco atravesamos el segundo. El paisaje es muy verde al principio, lleno de vegetación, animales y viejas casas de adobe. Poco a poco se va tiñendo de colorado y se va quedando más desolado.

Antes de entrar a Huaco, visitamos la vertiente Agua Hedionda, no está señalizada, pero preguntándole a los lugareños no es difícil llegar. Si el camino está malo, se puede llegar caminando. Al pié de un cerro, hay un antiguo hotel fuera de servicio; lo construyó el estado según nos dijeron, la idea era aprovechar la vertiente de agua con azufre (que le da ese olor hediondo como dicen ahí) climatizarla en piletas y conducirla hasta las habitaciones. Pero el proyecto nunca se llevó a cabo, por lo que quedó la construcción terminada y deshabitada, y la creciente se llevó las piletas que habían construido para juntar y canalizar el agua, no obstante, el agua sigue saliendo, fresca en verano y tibia en invierno, y mucha gente llega hasta la base y camina un trecho al costado del río, para aprovechar las propiedades del azufre.

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El color blanco del río se debe al agua con azufre que vierte de la pileta.

En la zona hay churrasqueras o asadores, sombra y un sereno de tiempo completo.

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El Molino – Ruta Nacional 40

Seguimos camino a Huaco, y visitamos el Viejo Molino, uno de los más conocidos molinos de agua de la región y uno de los últimos en dejar de funcionar. Famoso para los sanjuaninos porque un poeta de Huaco ha escrito versos que hablan de él.

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Junto al Poeta de Huaco
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El molino restaurado.

El día se puso caluroso, y paramos a descansar en la estación de servicio algo desolada de Guandacol, que anuncia su servicompras con un GUANDASHOP. Luego de una siesta reparadora, sin serenatas de ningún tipo, continuamos camino a Villa Unión. Cruzamos muchos badenes por los que bajaba lo último de una gran creciente, los rastros dejaban ver que la creciente había sido brava, en partes se había llevado pedazos de asfalto, en uno de los badenes encontramos un auto tapado por el barro, y muchos vecinos y policías intentando sacarlo.

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Rastros de las tormentas y crecidas.

Avanzamos con cuidado, asombrados de tanta agua… que no habíamos visto caer…

El paisaje se ponía cada vez más rojo, y poco a poco empezábamos a ver el Cerro Belgrano y sus 6250 m de altura. Tuvimos que deliberar si entrábamos a los Parques Nacionales Ischigualasto y Talampaya, y aunque perdí la pelea, tuvimos que pasar de largo. El  camino implicaba algunos desvíos, varios kilómetros y entradas algo costosas, la decisión fue difícil, porque estamos seguros que vale cada peso pagado, pero no entraba en este presupuesto viajero, con esta difícil decisión abrimos una larga lista de los lugares a los que tenemos que volver.

El camino nos mostró algunos cañones colorados y algunas formaciones rocosas espectaculares, si usted está en Mendoza, no deje de hacer el recorrido de los tres parques, incluyendo el Parque Nacional El Leoncito, y los dos antes mencionados. Sin desperdicio.

Pasamos por la puerta de Villa Unión, no entramos pero al parecer es la base ideal para hacer noche y recorrer toda la zona, seguimos disfrutando de los rojos y de los cactus y comenzamos a subir la Cuesta de Miranda. Sufrimos un poco, Pampero lento pero seguro, llegamos a la cima. En la cuesta pueden verse los rojos de Talampaya, los verdes que poco a comienzan a poblar los laterales del río y la nieve del Famatina, valió la pena toda la nafta que se tragó Pampero (como la venimos sufriendoooo!!)

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Encarando la Cuesta de Miranda.

Empezamos el descenso, íbamos tan relajados y charlatanes, que me pareció ver un viejo cartel que decía que la ruta 40 llegaba a su fin, le pregunté a Javi y no vio nada, seguimos.

Los pueblos que se anuncian en los carteles constan de algunas casitas de adobe colorado con su vereda apoyada en la antes transitada ruta y unos que otros cactus.

Después de un largo descenso, encontramos obreros en la ruta, frenamos y nos miraron con caras sonrientes, a lo que respondimos con sonrisas. Sonrisas que se fueron tan rápido como terminaron de decir que la ruta estaba cortada hasta Abril! Cómooo, quéeee, y empezamos a preguntar. Les dijimos que habíamos preguntado todo el camino por el estado de la ruta a la policía y que siempre nos habían dicho que estaba transitable. Les dijimos que no teníamos combustible para volver a subir la cuesta y llegar a Villa Unión, y se miraron entre ellos, y nos dijeron que avancemos hasta donde estaba su capataz, que él tenía la palabra final.

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Escoltados por el Capataz de la Obra .

Llegamos con carita de perros mojados, y el capataz nos re confirmó la noticia, la ruta estaba cortada, hasta abril, y no quedó otra que empezar a llorar, el Javi entre tartamudo y soñador le explicaba que no teníamos combustible para dar una vuelta de 300 y pico de kilómetros y que estábamos sólo a 80 de Chilecito, que por favor nos dejara pasar. El capataz, con los brazos cruzados, y la boca llena de coca (yo preocupada por su muela y su cara hinchada) nos soltó entre dientes, esperen un rato y quizá la abrimos sólo por hoy.

Nos miramos y no entendimos, por las dudas preguntamos de nuevo -¿Entonces si vamos a poder pasar? A lo que el capataz respondió – Si, sólo por hoy abrí el camino para cruzar una máquina, tienen que esperar que dejemos de trabajar y los escolto, pero no le digan a nadie!!  Sino todo el mundo va a querer pasar.

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Alguna de las maquinas que nos cruzamos en el camino.

– A quién le vamos a decir??

Así fue, que nos quedamos conversando con un hombre de Paraná, que estaba muy feliz de pasar por las entrañas de la 40 en reconstrucción, con el que charlamos algo del camino recorrido. Cuando el capataz dio la orden, todos a sus vehículos siguiendo la camioneta que nos indicaba el camino. Eran casi las seis de la tarde, y la mayoría de los obreros abandonaban el trabajo para ir al campamento a descansar, por lo que saludamos todo el camino (cual reinas de la vendimia) y recibimos algunos ¡Aguante Mendoza!

Después de esperar unos 15 o 20 minutos en el medio del tramo cortado, el capataz volvió a avanzar y después de salir de los futuros túneles o cobertizos nos saludó para que retomemos el camino solos.

En poco más de una hora, después de preguntar mucho, llegamos a Chilecito.

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