Luego de unos días en el Parque Nacional El Leoncito, salimos rumbo a la ciudad de San Juan. Averiguamos el estado de los caminos, y salimos por la ruta que pasa por Barreal, nos recomendaron que no vayamos por Los Berros, a pesar de ser un camino muy lindo, porque la creciente se había llevado parte del camino, y aunque Pampero no le hace cara fea a nada, luego de 30 km de tierra descubrimos que a un Jeep nunca le le deja de entrar tierra (aunque tengamos multiples burletes y muchos sistemas inventados), la suma de factores nos ayudó a decidir ir por el camino de asfalto, a pesar de ser el mas largo.

El camino es hermoso, sumamente recomendable, para hacer muy tranquilo, porque tiene muchas curvas y contracurvas. San Juan nos sorprendió para bien, anque la jornada fue larga y calurosa, el camino que pensabamos hacer también estaba cortado por creciente por lo que tuvimos que andar varios kilómetros de más, todos los paisajes que cruzamos fueron memorables. Y ya que estábamos de descubridores, también nos dimos cuenta que los Sanjuaninos tienen problemas personales con los puentes, por lo que uno puede cruzar innumerables badenes con y sin agua, destruídos por la creciente o recién reparados por máquinas, razón por la que si usted decide visitar San Juan, siempre asesorece sobre el estado de las rutas, para poder estar preparado con el combustible, ya que los desvíos pueden ser de mas de 100 km por lugares poco poblados.

Al terminar de bajar, nos encontramos por segunda vez con la ruta 40, que nos llevó a San Juan y al reencuentro con otra parte de la familia.

Pasamos unos días de mañosos, o de muy mañosos, comiendo mucho y disfrutando de la familia.

Siempre que hemos ido a San Juan, nuestras visitas han sido cortas, fugaces y multitudinarias, por lo que nos encantó ir solitos, y compartir el día a día con toda la familia. Largas tardes, mañanas y siestas de mates (¡cómo toman mate los sanjuaninos!). Después de unos días en familia, diviertiéndonos con los chistes del abuelo, chusmeando mucho y un super asado de despedida, tuvimos que decir hasta pronto. Si ya leyeron el post de la despedida familiar, saben lo que sentimos al decir chau, asique se lo imaginaran, un gran suspiro al cerrar la puerta del jeep, y unas cuantas cuadras sin decir una sóla palabra.

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Familia Reich

La familia Reich merece capítulo aparte en esta historia, es que Chiche y Nora fueron los primeros en invitarnos a su casa, los primeros desconocidos que se transformaron en amigos. Nuestra página tenía apenas unos likes cuando llegó un mensajito privado tan lindo y motivador (obvio que me hizo llorar) de alguien que no nos conocía pero igual apostaba a nuestro sueño. Quizá ellos no sepan que las ganas de conocerlos eran mutuas, que eran nuestra parada mas que obligada en San Juan. Cuando uno emprende tamaña locura, las palabras de aliento nunca están de más, y nos hemos sentido tan apoyados por ellos que han pasado a ser parte de la familia que uno elige.

Obvio que llegar a su casa superó nuestras espectativas, Chiche es tan carismático y tan bueno con la palabra que nos ayudó a no estar nerviosos en la primer casa que nos recibía en el viaje. Los Reich son una familia linda, de esas con las que aunque compartas poco igual te encariñas, todos juntos sentados a la mesa, charlando y hablando del viaje, preguntando e inyectándonos de buenas energías para seguir.

Nuestro paso por su casa fue cortito y significativo, nos enseñaron a nosotros y a nuestras familias que aún se puede confiar en la gente, que hay gente maravillosa más alla de nuestra fortaleza, que vale la pena salir, confiar, compartir y abrazar a desconocidos, que uno puede querer a la gente con sólo compartir un día. Que sólo de pensarlos a la distancia a uno se le pueden llenar los ojos de lagrimas.

Gracias familia Reich, porque han sido el primer regalo de este viaje, y el aprendizaje mas bonito. Los llevamos en el corazón.

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Nota: Todas las fotos las pueden ver en la Fan Page 

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