Tucumán nos recibió con lluvia, pero con amigos.

Al entrar, Mariano, miembro del Club de Jeep de Tucumán, nos invitó a su casa.

Mariano vive en un pueblo antes de llegar a Capital, por lo que su invitación nos ayudó a no llegar de noche a una ciudad grande. En León Rouges nos recibió toda la familia Veliz, y muy amables nos prepararon una cena que compartimos todos juntos. En nuestros planes estaba salir a la mañana siguiente rumbo a Tucumán, pero nos invitaron a almorzar Humita Tucumana, cómo negarse a semejante invitación? La mamá de Mariano también nos mimó con un arroz con leche con miel de caña de azúcar de postre, que hasta hoy nos acordamos de tan rico almuerzo. Y el papá nos regaló cartas, algo que no traíamos y que varias veces lamentamos, y que tiempo después nos sirvieron para matar el aburrimiento más de una vez.

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Junto con la familia de Mariano Veliz

Al salir de León Rougues, nos esperaba Victor en Famaillá (también miembro del Club de Jeep de Tucumán) para llevarnos a conocer su pueblo y para indicarnos como seguir a Capital.

Conocimos algunos de los atractivos de esa ciudad, como un parque acuático y las réplicas de la Casa Histórica de Tucumán y del Cabildo. Después fuimos a la casa de Victor para tomar un café, resolver algunos temas en internet y charlar un poco más. Victor nos dio las indicaciones para llegar a Yerba Buena, lugar donde nos esperaba Ulises.

La Casa de Ulises.

Uli es un viajero en potencia razón por la que alguna vez compró su combi. Su casa es la futura sede de combis en Tucumán, Yola nuestra gran amiga mancoreña nos contactó con él y él de inmediato nos invitó a su casa. Aprovechamos la capital para actualizar la página y resolver algunos temas de cuidad.

En la casa de Uli comimos mucho, porque él es un gran cocinero, asique nos mimó con comida de olla, porque los días estuvieron lluviosos e ideales para el engorde. Nos fuimos de Tucumán con gusto a poco, porque nos tocaron días tan lluviosos que no pudimos recorrer toda la ciudad y conocer mucho. Es uno de los tantos lugares a los que tenemos que volver.

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En casa de Ulises!

Desde capital salimos rumbo a Tafí del Valle, lugares lindos si los hay. Hicimos casi todo el tramo con lluvia, hasta llegar a Tafí, el camino está en perfecto estado,  salvo algunos inconscientes de los que hay que cuidarse en la ruta, es un camino para disfrutar.

Paramos en el mirador al embalse El Mollar, y seguimos rumbo a Amaicha en busca de un poco de sol, ya que tiene la fama de ser la cuidad de los 365 días soleados.

A la salida de Tafí, nos hicieron dedo Jenni y Luciano, asique paramos, acomodamos todo el equipaje y se acostaron atrás. “Pampero coche cama”

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Nuestros amigos viajeros a dedo!

El camino exige muchas paradas, el paisaje no tiene desperdicio, caballos en praderas verdes, verde y más verde, que los mendocinos nos quedamos con la mirada perdida.

En cada parada, Pampero respiraba y se refrescaba porque veníamos bastante pesados. Al llegar al Abra Infiernillo alcanzamos los 3044 mts de altura, y desde ahí comenzamos el descenso, parte que disfrutamos mucho, porque sentimos que viajamos gratis, sin dejar acciones en cada YPF del camino. Es que Pampero se porta muy bien, pero come como nadie.

Al llegar a Amaicha del Valle, el paisaje cambia drásticamente y empezamos a ver nuevamente amarillos, ocres y muchos cardos.

La plaza central un día domingo estaba desierta, sólo un potrillito con su mamá nos recibieron. Más tarde completaron la escena unos jugadores de truco en una esquina de la plaza y algunos niños jugando.

Descansamos unas horas en la plaza, pero antes acompañamos a los chicos a buscar un camping donde pasar la noche. Por suerte nosotros sólo tuvimos que pedir permiso en una tienda de artesanías al lado de la estación de servicio. Armamos la cama y justo cuando empezábamos a dormirnos, tuvimos una hora de entretenimiento, con unos cuanto “machados” (borrachos) que salieron peleando de una casa, y entre motos que se caían, gritos de mujeres, y muchos POLLERUDO!! nos dormimos.

Al día siguiente, nos despertamos no muy temprano y salimos a conocer el museo de la Pachamama y las Ruinas de Quilmes.

El museo es más bien un centro de interpretación, vale la pena visitarlo para ver la obra de Cruz, un artista idóneo, lugareño que ha conseguido vender obras a Europa y contratos con otras provincias para dirigir y diseñar obras de arquitectura.

Ha montado una gran empresa, muy visionario, diseñó y dirigió todo el edificio del museo, desde la señalética, la herrería, los grandes muñecos que representan a deidades diaguitas y hasta un túnel minero, para mostrarle a los turistas que se siente estar en las entrañas de la tierra.

Al salir del museo, estaban haciendo dedo Luciano y Jenni, por lo que nuevamente los llevamos hasta la entrada de Quilmes.

Ruinas de Quilmes

Sólo un 10% se ha recuperado y restaurado del total del pueblo de los Quilmes, que con casi 7000 habitantes habían logrado montar una gran ciudad. El mantenimiento está a cargo de una comunidad de descendientes de Quilmes, y el guiado también, que incluye una pequeña explicación y después uno puede tomarse el tiempo que quiera para recorrerlo y ver los fuertes, donde resistieron por 130 años la conquista de los españoles. Los Quilmes deciden entregarse, después de que los españoles los rodearon, les quemaron los campos de cultivo y les bloquearon el paso del agua. Cuando decidieron rendirse, mas por hambre que por miedo, los españoles los obligaron a caminar hasta Buenos Aires unos 1300 km. y en la localidad de Quilmes mueren algunos, pocos sobrevivieron a esa tortura para ser esclavos, supimos que fueron un pueblo extinto porque los sobrevivientes hicieron un pacto para no procrear más, para que ningún Quilmes, fuera explotado y esclavizado. Por suerte, algunos lograron huir a la montaña, y vivieron para contarlo.

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Ruinas de Quilmes

Después de recorrer las ruinas, descansamos a la sombra de un algarrobo y retomamos la ruta.

Nuevamente un cambio de provincia, y estábamos en Salta, Cafayate.

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